BIOGRAFÍA

María José Celemín nació en Ponferrada (León) en 1.970. Estudió Derecho en la Universidad de Valladolid y realizó en la Universidad de Comillas, ICADE, en Madrid un máster de administración de empresas. En Nueva York trabajó como cuidadora, camarera, guía turístico, administrativa, profesora de español, traductora y antes, en Valladolid, como asesora fiscal y responsable de banca electrónica.

Estudió actuación en Lee Strasberg Institute, siguiendo el método del Actor´s Studio y con profesores-discípulos del propio Strasberg, siendo considerada como una alumna aventajada por representantes de El Método como Ted Zurkowsky.

Considerada, además, como profesional de indiscutible altura por Deirdre Imus, de quien fue tutora de español en la Gran Manzana, de ella y de su hijo Wyatt. De vuelta a España, ha emprendido un negocio de turismo rural y dedicado cuatro años a escribir esta novela.

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"Deslizándose por aquella canícula; sobre los maizales y el carrizo. Allí estaba Dios. El Dios que amanecía con ella. Y El que le hablaba a través de su padre: de la Naturaleza; de los árboles frutales; de la poda; de la recolección y el riego. De los valores. De la Honradez. De la Humildad. De la Bondad…. Era el Dios que vagaba discreto, como un rumor escondido. Oculto, pero real, serpenteando al compás de aquella bruma. Con un disfraz de media noche. Encarnando el propio río. Era el Dios de los Primeros Tiempos. De Los Primeros Amaneceres. De los Sueños Posibles y de las Utopías Realizables. El Dios del Amor. El de la Humanidad. El de lo Verdaderamente Humano. El de la Sensibilidad y la Ternura. El Dios de la Compasión. De los Afectos. De la Comprensión y de la Empatía. El Dios de la Ilusión. El de la Fuerza y el Coraje. El Dios de la Valentía. El Dios de la Espesura y de la Hermosura. El Dios de los Corazones. El de la Infancia…

            …Dios, enredado en aquella canícula, fue la primera experiencia de Victoria en el mundo. Aquella Inconsciente Felicidad. Los Primeros Amaneceres de la vida de un ser humano nacida en la Amorosa Naturaleza. Dios era toda aquella Belleza: los pájaros que besaban el cielo y hacían tartas en él; la canícula sobre los maizales; los carrizos reflejados en la superficie del río; la poda en invierno; el riego en verano; los abuelos, sus vacas, sus gallinas y sus rezos de rosario; la recogida de cerezas y ciruelas con Sebastián en el mes de julio y los guisos de Adela con las hortalizas de la huerta; el sol resplandeciente subido en la colina llamando a su ventana y el vergel de los manzanos; el manantial; el huerto; la fértil vega del río; y a la amorosa compañía del tierno Salvador.

            Todo aquello era Dios. Eran los tiempos en que Victoria confiaba en que, de mayor y pronto, el hambre en el mundo se pasaría y todo se arreglaría para bien porque para eso había Tanta Belleza y Tanto Amor. Era tan fácil. Porque por eso y para eso estaba allí Dios, el Dios Todopoderoso...

                                                                                              ...El Dios del Amor...

…El Dios de las Praderas Verdes".

(Primer Capítulo, Primera Parte)

 

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