
![]()
Queridos amigos,
Se acerca el 25-N y he querido dedicar el tema de este boletín íntegramente a la novela que publiqué hace ya diez años, "El Dios de las Praderas Verdes". Nevenka Fernández ya había dado un paso adelante denunciando al jefe acosador y un grupo cómplice, pero la reacción social dejó en evidencia a una España y, especialmente, a una Castilla y León violenta, que sigue practicando la destrucción en grupo de una mujer preciosa y competente.
"El Dios de las Praderas Verdes" se lo dedico en letras gruesas a Juan José Millás y a Nevenka, pues sin la valentía de ella y el esclarecimiento de lo que es Castilla y León, la depredación silenciosa, que explica Millás en su libro "Nevenka, frente a la realidad. Hay algo que no es como me dicen", habría pensado que, como afirmaba el resto, yo era una mujer mentalmente desequilibrada y conflictiva, por ser una mujer inconformista que no transige con las injusticias.
La mayor crítica de "El Dios de las Praderas Verdes" va hacia la clase médica española. No podemos restringir el 25-N a un solo día y menos a denominar esta suerte de terrorismo "violencia de género" y tratarlo judicialmente como un problema entre parejas. A lo largo de la historia la "Mujer Salvaje" que toda mujer lleva dentro ha sido devastada, como la selva, por el patriarcado, y domesticada para ponerla al servicio de sus intereses, y muchas mujeres nos hemos encontrado "sin casa", "sin hogar", "sin un tipo de negocios" y "un modelo de vida" que nos pertenezca. Todo lo que nos pertenece lo han arrasado. Y a este modo de entender la realidad se suman, en masa, los médicos y las médicas. Pues ellos son, también, el reflejo de la realidad.
Cuando se trata de acabar con una mujer creativa, intuitiva, brillante y profunda los médicos son los primeros en apuntar con sus armas. No hay una psicología y una medicina que reconozca a la mujer brillante. Y, del mismo modo que los griegos enterraban vivas a las vestales, o en la actualidad se lapida a las mujeres en países que Occidente considera no-civilizados, la medicina española ahoga, silencia, anula, aniquila, amordaza, hace invisible, ningunea, hace culpable, trata de sentir avergonzada, veja, humilla, confunde, calumnia e injuria a una mujer inteligente y atractiva. Sus armas, los psico-fármacos, no son rifles ni armas blancas, pero quizá puedan tener más poder para matar lentamente sin dejar huella alguna.
El pasado 8 de marzo España vivió un antes y un después.
Las mujeres, a partir de ahora, podremos, por fin, empezar por expresar nuestra indignación sin ser juzgadas.
María José Celemín




