Herencia, belleza y compasión
Hace unos días grabé a mi hermano Esteban en plena vendimia, elaborando el Señora Vale, el vino que lleva el nombre de nuestra abuela Valeriana.
Hace doce años, Esteban comenzó a recuperar la Albillo Real, una variedad de uva histórica de nuestra tierra. Hoy elabora artesanalmente un vino que exporta a distintos países y que rinde homenaje a una generación que nos enseñó el valor del esfuerzo, la tradición y el amor por las cosas bien hechas.
A lo largo de estos años, Esteban y yo hemos ido recuperando el patrimonio familiar y la herencia de nuestros abuelos. Él, a través de los viñedos y el vino; yo, transformando una antigua casa castellana en un lugar luminoso, lleno de color, vegetación y belleza: Beautiful Alamedas.
He tenido el privilegio de crecer rodeada de belleza y de disponer de oportunidades que muchas personas nunca han tenido. No quiero esconderlo ni renunciar a una forma de vida con la que me identifico. Me atraen la elegancia discreta, la calidad que trasciende las modas y el valor de aquello que pasa de generación en generación.
El privilegio vivido con compasión
Nunca he sabido permanecer indiferente ante el sufrimiento ajeno. Mi compasión me lleva a implicarme, a buscar la manera de aliviarlo y a sentir que ése es uno de los propósitos más profundos de mi vida. Lo que está sucediendo en Gaza, y la historia de Anas, son ejemplos de una realidad ante la que no puedo cerrar los ojos.
Durante mucho tiempo he preferido mantener mi patrimonio y mis privilegios en un discreto segundo plano, por temor a que mostrarlos pudiera parecer una falta de sensibilidad hacia quienes sufren. Hoy comprendo que no tengo por qué esconder ninguna parte de mí: puedo honrar la vida que he recibido y, al mismo tiempo, poner mis posibilidades al servicio de aquello en lo que creo como ser humano.

