En este vídeo María José Celemín relata la historia que le ha llevado a ir construyendo los jardines de Beautiful Alamedas y Al-Kauthar en Castronuño (Valladolid).
Empieza contando que terminó la carrera de Derecho en la Universidad de Valladolid y un MBA en ICADE, Madrid, en el año 1.997 y que, aparentemente todo podía sonar muy bien, pero que, en realidad, se desarrolló con gran sufrimiento.
Una mujer indómita
Y esto era porque ella se percibía a sí misma como una mujer indómita y brillante y, sin embargo, veía que estos dones no encajaban en un lenguaje jurídico que no nace del alma, ni del corazón ni de la intuición, sino del deseo de imponer.
Además, cuenta que ella era una niña sensible e inocente que cayó víctima de otras adolescentes que la acosaron, en concreto, de una adolescente que, ya desde niñas, tienen el deseo de dominar y derribar.
Y, además, mantuvo una relación de pareja con un chico de la extrema derecha de Valladolid, que ahora sería considerada como violencia de género.
La huida a Nueva York
Por todo esto, habló con un profesor del máster y le preguntó dónde podía ir, ya que ella sabía que tendrían que existir otras realidades que fueran distintas a la de Castronuño, Valladolid o Madrid.
El profesor le dijo que fuera a Nueva York porque allí está todo. Y así fue, Nueva York fue una epifanía, un descubrimiento y una revelación. Lo cierto es que hubo un momento en que tuvo que regresar a España y quedarse en Valladolid.
Eran las Navidades del 2002 y, de nuevo, se vio atrapada y sin salida en el mismo Valladolid que la había rechazado y expulsado.
El Dios de las Praderas Verdes
Se vio obligada, a vida o muerte, a empezar a escribir la novela "El Dios de las Praderas Verdes".
Tenía que entender porqué Nueva York la había acogido como la mujer valiente e indómita, tierna y sensible y porqué Valladolid la seguía viendo como una mujer débil y enferma.
La misma escritura, la narrativa, el tono literario y la rica galería de personajes que aparecen en la novela y que encarnan las emociones humanas de la envidia, el miedo o el enamoramiento, le van dando las respuestas. Y, sobre todo, la respuesta a la pregunta principal, que era: "¿Dónde está Dios?".
¿Dónde está Dios?
Para María José, después de escribir la novela, la respuesta era clara. Dios está en la bondad del corazón humano, en la ternura, en la compasión, en la comprensión, en los Primeros Tiempos y los Tiempos Primordiales.
Ese Dios era el Dios que ella veía, cuando siendo unos niños que bajaban en bicicleta por la carretera de Castronuño a Toro hasta la presa, reflejado en la superficie del río. Toda aquella belleza exuberante, todo aquel vergel eran una manifestación de la divinidad. Dios se manifestaba en aquella Naturaleza indómita. Aquel mundo angelical y primigenio tomaba la forma de bondad, amor, ternura y compasión.
Era un Dios que quedaba muy lejos de las estructuras, de la religión institucionalizada y de la Iglesia Católica de Valladolid, una Iglesia que a ella se le hacía más cercana a la Inquisición y al afán de dominio que al amor.
Orfandad espiritual
María José sabía que la desconexión con un Todo y con su propia comunidad que ella había experimentado la habrían experimentado también otros muchos castellano-leoneses. Que, probablemente, no habrían podido expresar públicamente su decepción con la Iglesia Católica. Y que el sentimiento de abandono y orfandad espiritual habría sido un drama para muchos de ellos no verbalizable y vivido sólo en una intimidad sin testigos.
Conversación con la abuela
María José, en este vídeo, cuenta que hay una escena en la cuarta parte de "El Dios de las Praderas Verdes" que describe una conversación con la abuela, que es, además, su propia abuela, de la que heredó la Fe.
En esta escena la abuela ve a Victoria preocupada y le pregunta qué le pasa y Victoria le transmite sus preocupaciones. Pero la abuela le dice que todos los problemas que tenga los tiene que poner en manos del Señor, que lo confíe todo a Él y que pida al Señor porque Él nunca la va a abandonar. Pero que, cuando Le pida, lo tiene que hacer con mucha Fe, ya que muchas de las oraciones que salen desde aquí abajo no llegan arriba porque no se han pedido con la suficiente Fe.
Ecología profunda e Islam
Llegados a este punto, María José cuenta que, una vez que terminó, editó y publicó la novela, la envió a una revista de Ecología Profunda, en la que le hicieron una entrevista.
Dice que esta entrevista introdujo una perspectiva que a ella le había pasado inadvertida y era el hecho de que Victoria bien podría simbolizar un representante del Hombre Moderno en estas sociedades Occidentales que, si bien se han deshecho de la identificación Iglesia-Estado, han borrado todo vestigio de espiritualidad y han dado la espalda al Reino Espiritual, dejando apenas rastros de las religiones institucionalizadas, y sofocando por completo la experiencia directa de Dios, es decir, el misticismo.
Sufismo
María José cuenta que el fundador de esta revista es un español convertido al Islam que practica el sufismo, que es la parte mística y esotérica del Islam, y que le abrió los ojos a un mundo nuevo completamente desconocido para ella.
María José explica que, hasta entonces, ella confundía a los musulmanes con los árabes y que, por los medios de comunicación, pensaba que todos los musulmanes eran unos terroristas. Sin embargo, descubrió que el Corán, la Sura Ta-Ha, por ejemplo, describe la historia de Moisés, o que ese dicho que tenía la abuela de "hay que dejarlo todo en manos del Señor" equivalía al sometimiento de Dios o el decreto divino del Islam.
Granada y el Ramadán
Cuenta que era el año 2010, el mes de agosto, que se estaba celebrando el mes de Ramadán y que el fundador de esta revista la invitó a ir a Granada con ellos.
Dice que ella se alojó en el hotel El Ladrón del Agua, al lado del río Darro y frente a los baños árabes de la calle Santa Ana, y que aquella mañana su amigo la llevó a conocer esa parte de Granada, ya que era la primera vez que ella visitaba la ciudad.
Explica que, mientras paseaban por el Albaicín, su amigo le iba hablando de Islam y de los profetas y que le dijo una frase que nunca olvidará:
"La Alhambra es un edificio austero por fuera, que guarda secretos y riquezas por dentro, y así es el alma humana, y así son también las mujeres en el Islam: pueden ir cubiertas con un velo, pero engalanadas por dentro (en su interior físico y espiritual)".
El ayuno y el hammam
María José recuerda que se sentaron en una tetería y que a ella le asombraba la capacidad de aguante de su amigo, que llevaba desde las cuatro de la mañana en ayuno, sin comer ni beber. Cuenta que él la veía beber un batido de plátano y coco y que dijo que trae mucha bendición ver comer a otro mientras uno mismo ayuna.
Cuenta que, más adelante, ella misma decidió, de forma voluntaria, ayunar; levantarse al alba y privarse de alimento, agua y malos pensamientos hasta la puesta de sol. Y que descubrió que el tiempo pasa más despacio y uno está más protegido de sí mismo, de su propio ego y de sus propios impulsos, y que, entonces, comprendió la frase:
"En Ramadán, se abren las puertas del Paraíso, se cierran las del Infierno y los demonios permanecen encadenados".
Sigue narrando y dice que, después de pasear por el Albaicín, eran ya las tres de la tarde y que hacía mucho calor, y que llegaron a la altura del hammam Al-Ándalus en la calle Santa Ana, que pararon allí y que su amigo le recomendó que entrara porque le iría a gustar, que era uno de los destinos preferidos del turismo internacional.
El renacer
María José explica que se dio cuenta de que su amigo tenía la mirada más clara y que pensó que podía ser por el ayuno. Y que, de repente, él hizo un gesto con la mano y que ella notó, justo en ese momento, que algo cambió en su interior. Que, entonces, él subió a la mezquita para encontrarse con otros en el rezo y que ella se quedó allí para entrar en el hammam.
Dice que, cuando entró a aquel edificio (que en otros tiempos había sido un aljibe al lado de una mezquita), la percepción de la realidad en su interior cambió. Que los aromas del hammam, los tonos rojizos de las paredes, la vistosidad de los azulejos y el tacto del agua envolvían un universo propio.
Que antes de entrar en ese hammam era una mujer que había perdido la conexión con un Todo, bastante angustiada, con una gran crisis de Fe, y que, cuando salió de aquel hammam, era una mujer nueva, que portaba el grito ancestral de los grandes profetas y patriarcas y que había recuperado la Fe de su abuela, una Fe que llevaba buscando desde hacía años, desde que llegó de Nueva York.
María José dice que en aquel modo sobrenatural de recuperar la Fe intervino el ayuno de su amigo y que le demostró el poder de la oración y de las prácticas espirituales. Y que también contribuyó, en alguna medida, lo sensorial, los aromas, el tono suave de la música y el ambiente intimista del hammam.
La Alhambra y los jardines
Sigue relatando y dice que, una vez que salió del hammam, subió a la Alhambra, y que visitar sus jardines confirmó la experiencia anterior. Dice que recuerda salir de los jardines del Generalife como flotando, gracias a la combinación refinada de la vegetación y los materiales nobles junto con el sonido del agua fluyendo de fuentes y surtidores.
Que descubrió, entonces, la razón principal de la construcción de jardines y edificios como el de la Alhambra y que es reflejar el Paraíso en la Tierra. Y que esta misma idea era la que empujaba a Santa Teresa de Jesús a ir haciendo sus fundaciones y que la santa afirmaba que:
"Cada vez que fundaban un nuevo convento, trataban de construir un pequeño Paraíso en la Tierra y un oasis de pureza y austeridad dentro de cada monja".
Beautiful Alamedas y Al-Kauthar
Y que éste fue el motivo por el que decidió construir, en primer lugar, el jardín de Al-Kauthar, en Castronuño (Valladolid) y después el jardín, con diferentes patios, de Beautiful Alamedas, también Castronuño.
Y que la razón principal de ambos jardines es reflejar el Paraíso en la Tierra, así como pequeños oasis de pureza y austeridad dentro de cada uno de nosotros y que, por tanto, los concibe como espacios destinados a la oración.
Que, de la misma forma que ella experimentó aquel renacer aquellos días en Granada a través del descubrimiento de una tradición espiritual desconocida, también quiere que, quien entre en ambos jardines, Beautiful Alamedas y Al-Kauthar, experimente un hito en su vida y una transformación interior que le ayude a evolucionar como ser humano.
