El Centro de Salud de Alaejos en Valladolid
¿Terrorismo machista?
Hace unos días, en el tren, conocí a una joven que viajaba de Francia a Granada. Tenía mucha ansiedad y entablamos conversación. Me contó detalles de la violencia machista que sufre por su entorno desde los 16 años. Ahora tiene 29. Han tratado, entre todos, de ahogar su espíritu.
No me llamó la atención el hecho de que me dijera que los médicos, los psicólogos o los psiquiatras no la entienden. Y, que aún sabiendo la causa de su ansiedad, le suministran pastillas, desoyéndola e ignorándola.
¿Cómo no iba a entender yo a esta joven en pánico, que ve cómo arrollan su integridad, la envuelven en la confusión (con esa luz de gas) haciéndola desaparecer?
Si hay un índice que mida el machismo de la sociedad española es nuestra clase médica, del que no se escapan algunos o muchos de los médicos o/y médicas del Centro de Salud de Alaejos, en la provincia de Valladolid.
Sorprende ser testigo de cómo algunos médicos, hombres, en este centro, y en la intimidad de la consulta, desprecian a mujeres objeto de persecución social e institucional, y siguen atribuyendo su ansiedad y pánico a un problema mental de ellas mismas, omitiendo el hecho de que su integridad está siendo atropellada, arrasada y saqueada.
Indigna oír, en este mismo centro, a asistentes de médico, mujeres, defender al agresor y culpabilizar a la víctima.
Y uno no da crédito cuando les escucha decir que es la víctima la que tiene un problema mental, para el que necesita medicación.
La violencia machista está en cada una de las células de esta sociedad, y su hedor espanta a cada paso. Que se limite a las relaciones entre la pareja, para acotarlo como violencia de género, conlleva a la aberración de que afirmar que alguien es torpe con su pareja e inteligente en lo demás.
El terrorismo machista forma parte de nuestra cultura española y consiste en arrollar, a todos los niveles, la naturaleza femenina instintiva, la pasión, la creatividad, el encanto, el impulso vital, la alegría, y las ganas de vivir.
El terrorismo de ETA, el de Al-Qaeda, o el del Isis es el de las bombas, es un terrorismo abierto. El terrorismo machista, y en España, es el que muchos escritores llevamos denunciando durante años. Es el que no deja huella, el que opera de forma coordinada entre sociedad civil, clase médica, judicial, policial, y mediática. Es el "desangrarse de forma lenta" que señaló Delibes, la "depredación silenciosa" que apuntó
Juan José Millás en su libro sobre Nevenka, y lo que me impulsó a mí a escribir y publicar
"El Dios de las Praderas Verdes", en español y en inglés, "The God of Green Valleys", fruto de mi propia experiencia.
Es encomiable y elogiable la actitud de servicio desinteresada, de soporte, y amorosa que los mismos médicos pueden mostrar en todas las ocasiones en el ejercicio de su función, pero, cuando se trata de abordar las heridas, por esta sociedad brutal de macho, a la mujer sensible, profunda y con talento, las puertas se cierran.
Llega el 8 de marzo y se acaba de promulgar la Ley de Libertad Sexual. Y, aunque esta ley es como poner una tirita a alguien que tiene todos los huesos rotos, no voy a negar que es el primer paso, y que una respira aliviada viendo que la recompensa llega tras perseverar durante largos años en la oscuridad.
Está todo por construir, a todos los niveles; un nuevo modelo de Sanidad, de educación, de construcciones físicas, de maquillarse, de vestirse, de ocio... porque la perspectiva desde la que el modelo actual se ha construido encierra, como estamos constatando, su propia destrucción.
Y, el reto, para los que estamos en ello, no es menor.
María José Celemín