
Peque
Del maltrato al amor
La vida de Peque ha estado marcada por el sufrimiento.
Nació hace dos años en el Parque de la Muela de Castronuño. Es hija de Ratón, la hermana de Princesita.
La conocí hace tan sólo un año y medio, un día que fui a ver a Ratón a La Muela.
Peque apareció por el muro. Estaba esquelética.
"¿Qué le pasa a esta gatita?"
Le pregunté a Toñi, una vecina de Castronuño que acaba de fallecer y que vivía en esa zona y ayudaba a estas gatitas. Dios la tenga con Él.
"Uy, hija, esta pobre está viva de puro milagro".
"En la batida de envenenamiento que han hecho ha sobrevivido y ha quedado así".
"Al otro pobre, al "Regordete" le vi morir con espuma en la boca".
Hay vecinos de Castronuño que se dedican a envenenar a los gatos porque les molestan. Seguro que argumentan que "les cagan en los tiestos".
En el último envenenamiento murió también otra hija de Princesita.
Al principio Peque no se atrevía a acercarse a mí, pero el hambre la podía hasta que, finalmente, se dejó acariciar.
Iba cada noche a verlas. Las dos me estaban esperando detrás del muro y, cuando oían el motor del coche, daban botes de alegría.
Me encantaba cuando Peque se dejaba acariciar y ronroneaba. Doblaba la cabecita para que la tocase.
Pero el invierno entró y de la boca de Peque empezaron a salir unas babas que colgaban y no la dejaban masticar.
Cada vez que intentaba triturar la comida daba arcadas.
Yo me desesperaba viendo al animalito en aquellas condiciones.
Una noche de pleno invierno el angelito estaba pegado a una pared con la mirada perdida, helado de frío y las babas colgando.
Debía de tener tanto dolor que no me dejaba que me acercara a ella ni que la tocara.
En julio del 2024 mi abogado llegó desde Valencia y tuvimos una reunión con el Ayuntamiento para exponer el problema de la reproducción incontrolada de los gatos, los envenenamientos y el maltrato que sufren en las calles, a fin de que el Consistorio empezara a tomar medidas ya que las entidades locales están ya obligadas por la Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales.
También les expusimos las facturas, el tiempo y la energía que yo había empleado en reparar el disparo a la Princesita y en haberme visto obligada a coger otros gatitos de 20 días que deambulaban por las calles.
A partir de septiembre del 2024 empecé a registrar requerimientos al Ayuntamiento solicitando que se diera cumplimiento a la Ley, ya que seguían apareciendo más gatos a los que había que esterilizar y atender, y de los que yo me tenía que hacer cargo.
Han pasado meses y 34 requerimientos registrados. En varios de ellos, creo que habrá 15 hemos avisado al Ayuntamiento sobre la situación de Peque y les hemos pedido socorro para que nos ayudaran a cogerla y llevarla al veterinario.
Los vecinos de esta zona siempre han ayudado a estas gatitas y han estado pendientes de ellas, sin embargo, no tienen medios para capturarlas y poderlas curar.
La respuesta del Ayuntamiento a este respecto ha sido ninguna.
El peor momento llegó hace un mes cuando descubrí que Peque tenía la mitad de la cara completamente hinchada y que, a los dos días, un hilo de pus empezó a caer.
Claramente se había clavado, seguro que una espiga, y le había provocado la inflamación y luego el pus. O, quizá, se le había hecho una llaga interna y le había reventado.
Lo cierto es que, desde ese día, Peque cayó en picado. Se quedó en los huesos y estaba peor que nunca.
Desde mayo, gracias a un vecino de Castronuño, yo había entrado en contacto con una protectora de Madrid.
"María José, o coges a esa gatita ahora, o se muere. No dura ni dos días más". Me dijeron de la protectora.
Yo no tengo habilidad para capturar a los gatos en las jaulas-trampas, así que otra vecina de Castronuño me ayudó a preparar la jaula y a cogerla a la mañana siguiente.
Peque entró en la jaula y la metimos en el coche.
Yo ya iba tan contenta porque la llevaba al veterinario y por fin la podríamos curar.
Pero me había olvidado de coger dinero para poner gasoil en el coche, así que paré en la casa de madera, y, cuando abrí la puerta del coche, la Peque se escapó. Salió disparada porque no habíamos cerrado bien la trampilla de la jaula-trampa.
Me dio un ataque de nervios. La gatita estaba ahora, no sólo más muerta que viva, sino en una zona desconocida y aterrorizada.
Esa mañana tuve que hacer la contabilidad del trimestre y no sé cómo pude concentrarme un solo segundo.
Iba cada hora rodeando la era y por las casas de los vecinos llamándola. Pedí a mis vecinos que me avisaran si la veían.
La di por muerta.
Al día siguiente vi al animalito en aquel estado deplorable en el patio de mis vecinos, debajo de una enredadera y al lado de su coche. Vi que saltaba al otro lado en mi era.
Por lo menos estaba viva, pero yo tenía una desazón que no me dejaba comer ni dormir. Y me sentía culpable de haberle hecho daño.
A los tres días, por la noche, apareció el angelito calle abajo, se metió debajo del coche y le di algo de comer.
Durante los siguientes días la esperaba impaciente porque sabía que se escondía durante el día y bajaba por la noche por algo de comida.
Yo me enfermaba viendo a este angelito en esas condiciones.
Hasta que llegó una tarde en la que llegó en unas condiciones tales que era imposible ni mirarle.
El estado de Peque era dantesco.
Con tal desesperación, llorando, llamé a las chicas de la protectora de Madrid, y de tal modo vieron a la gatita, que decidieron dejarlo todo y venir a Castronuño desde Madrid para cogerla.
Llegaron al día siguiente, pero el animalito no se dejó coger.
Aún así instrumentamos un plan para que la gatita se fuera estabilizando y familiarizando con el nuevo entorno.
Lo cierto es que la gatita, con el paso de los días, engordó un poquito y cogió una rutina.
Pero capturarla y llevarla al veterinario era urgente y prioritario.
De modo que llegó desde Madrid, de nuevo, un experto en capturar gatos, los casos más difíciles.
Pero, después de darse la paliza de levantarse a las cinco de la mañana en Madrid para estar en Castronuño pronto por la mañana, la gatita no entró en un tipo de jaula más sofisticado.
A los pocos días llegaron desde Madrid de nuevo más mujeres de esta protectora y capturaron a Bolinche, un hijo de Ratón, que me encontré el año pasado en La Muela, con sólo 20 días, con los ojos llenos de tierra y el cuerpo de abrojos, dando tumbos por la calle.
Y también capturaron a "Rabito", una gata de la calle que se quedaba preñada, paría y me traía los gatitos al jardín de Al-Kauthar, y así hasta tres veces.
Yo había pedido al Ayuntamiento de Castronuño, a través de requerimientos administrativos, emails, llamadas y Whatsapps que me ayudasen a capturar a esa gatita.
El Ayuntamiento no ha hecho ningún caso.
Capturaron al Bolinche y a la Rabito y me ayudaron a llevarlos a Toro a la clínica veterinaria.
Por fin, por fin, después de pedir ayuda al Ayuntamiento de Castronuño desde el 2023 y sin recibirla, por fin, la Rabito está esterilizada y me dejará de traer gatitos a Al-Kauthar.
Ellas llegaron por la noche a las doce de la noche y trataron de coger a la Peque, pero la pobre Peque corría de un lado a otro sin dejarse atrapar.
Esa noche nos acostamos a las dos entre unas cosas y otras y nos levantamos a las seis para capturar a los otros gatos.
La Peque empezó a entrar en el patio de Al-Kauthar y se empezó a quedar también durante el día, con lo que me di cuenta de que, al fin de cuentas, no había sido tan malo que se me hubiese escapado en mi zona porque ahora ya no estaba en el Parque de La Muela a la intemperie. Ahora la tenía yo en mi casa. Y en mi territorio estaría protegida.
Peque estaba un poquito mejor y se la veía más relajada y confiada. Pero, aún así, era urgente cogerla para llevarla al veterinario.
Tendría que escribir un libro entero para contar todas las gestiones que han hecho las mujeres y las chicas de la protectora de Madrid por esta gatita.
Y ya contaré en un post adicional las decenas y cientos de llamadas con ellas, que me han ido amparando, guiando, animando y asesorando todos estos días.
Yo había perdido toda esperanza y parte de la Fe en el ser humano, pero la he vuelto a recuperar con ellas.
Por fin, el pasado fin de semana ellas arreglaron para que el experto en capturar casos difíciles llegara de nuevo de Madrid a Castronuño para coger a la Peque y llevarla al veterinario.
Era el cuarto intento.
El día que me vi tan impotente y desesperada viendo al animalito en semejante estado pensé en los palestinos en Gaza.
Pensé que, de ese modo que me vi yo con este animalito, así se estarían sintiendo ellos, pero multiplicado por el infinito.
Estos días sólo podía pensar en mi niña, en mi Peque. Y verla así y no poderla coger era un mal sueño.
Como, a Dios gracias, tengo Fe, y conmigo siempre está la imagen de Jesús (el Jesús histórico de Nazaret, el profeta Issa del Islam), en medio de la angustia no Le dejaba de pedir para que intercediera ante Dios por este animalito.
El martes pasado llegó el experto en casos difíciles de nuevo de Madrid. Yo tenía la certeza de que cogeríamos a la Peque porque ya estaba confiada aquí.
Llegó con una jaula más grande y sofisticada por la mañana pronto.
Yo le tenía preparado café, flan, galletas, de todo. Le preparé Al-Kauthar para que pudiera teletrabajar desde aquí, y me fui a limpiar a la casa rural.
La Peque solía llegar también por la mañana estos últimos días, pero algún día no aparecía hasta las 5 o las 9 de la noche, cuando el hambre la acuciaba.
Eran las 3 de la tarde y no había aparecido aún, así que fui e hice una comida ecológica rica para que David estuviera bien, comimos y me volví a la casa rural.
Ese día conseguimos recaudar, además, 85€ para Anas y sus hermanos en Gaza.
Eran las 6 y las 7 y Peque no aparecía. Eran las 8 y me fui a regar las plantas de la casa rural y dejé olvidado dos minutos el teléfono dentro.
Cuando entré, había llamado David, que ya había cogido a mi niña, a mi Peque, y ya estaba dentro de la jaula, que la había dejado en la eco-tienda y él había tenido que salir a otra urgencia.
Llamé a mi hermano, que se había quedado ese día teletrabando por si le necesitaba, y fue él quien cogió a la Peque y la llevó al veterinario a Toro.
Dios mío, gracias. Alhamdullillah. Alhamdullillah. Dios mío, siempre estás ahí aunque yo desfallezca.
Este animalito ha llevado una vida de sufrimiento, maltrato y dolor y, por fin y a partir de ahora, ya va a ser una gatita sana y feliz.
Quería compartir esta historia con vosotros.
Porque no puedo entender la maldad.
La Historia de la Peque es una historia de amor que está en sintonía con lo que una vez escribí, el primer párrafo de "El Dios de las Praderas Verdes"; "era el Dios de los Primeros Tiempos, de los Tiempos Primordiales, el Dios del Amor, de la Ternura, de la Compasión....".
Seguiré contando el progreso de esta gatita.
La protectora de Madrid va a recaudar fondos para los gastos veterinarios, pero les he dicho que prefiero emplearlos para un gato de una vecina de Castronuño que está paralítico.
Si alguien quiere contribuir con Peque puede comprar los relatos de la Princesita, del Rosquilla, el ensayo de Santa Teresa como Afrodita o "El Dios de las Praderas Verdes", sino lo ha hecho o lo quiere regalar.




