
Mujeres machistas que rivalizan, tienen celos y van a derribar a otras mujeres. En los organismos públicos, mujeres machistas que teóricamente defienden la vida y la integridad de otras mujeres
Comportamientos y las actitudes de violencia machista de mujeres que ocupan puestos públicos y supuestamente defienden los derechos de las mujeres.
Hace pocos años, la Concejalía de Bienestar Social y Familia del Ayuntamiento de Valladolid, me invitó a dar una conferencia sobre los arquetipos femeninos griegos, que resultó de gran interés entre las mujeres, pues, tras la exposición, las asistentes se agruparon en equipos para debatir qué arquetipo tenía cada una y de qué modo la sociedad patriarcal las había frenado para el desarrollo de su personalidad y potencialidades.
La exposición detallada de cada arquetipo puso de relieve la utilidad de la compresión interna de la personalidad, para modificar aquellos patrones de comportamiento que impiden el progreso personal.
El ejercicio posterior en equipos estimuló la participación de las mujeres, que se involucraron en el mismo con entusiasmo.
Además, yo le había propuesto a Lola Cerviño, la técnico que había comprado la conferencia, que cerráramos la exposición con un broche musical. La idea la gustó y, acompañada de mis tres músicos, recitamos con piano, percusión y violín párrafos de mi novela "El Dios de las Praderas Verdes".
Las mujeres asistentes me felicitaron y me agradecieron el hecho de "haberlas transportado a otro tiempo". Al final, pude charlar con otras de ellas que, en la intimidad, me hablaron de las dificultades que se habían encontrado para desarrollar sus habilidades como artistas o escritoras, especialmente aquéllas que tienen en su personalidad el arquetipo de "Afrodita", el que hace a las mujeres bellas, eróticas y apasionadas, que, junto con el de "Artemisa", el que hace a las mujeres autosuficientes y con espíritu femenino independiente, son los más castigados por el patriarcado.
Pero no fue la misma la reacción de la ahora ex-concejala, Rosa Isabel Hernández del Campo, quien, a pesar de reconocer que había sido la primera vez que se había hecho algo tan original y que hubiese suscitado tanto interés, no tuvo otra reacción que coger el micrófono, no sin cierta violencia y arrogancia, y decir a las asistentes que "a ella le habría gustado que yo hablara del eco-feminismo, pero que había quedado claro que tendría que buscar en internet para ver qué era el eco-feminismo". Me quedé perpleja. Y, de este modo, ella cerró el acto, sin despedirme. Yo quería haber hecho un resumen y haber concluido que los arquetipos más castigados por el patriarcado son "Afrodita" y "Artemisa". Qué falta de moral y ética. Qué suciedad.
No es chocante que una ex-concejala, que preside un acto a favor de los derechos de las mujeres, sufra una rabieta encolerizada y un ataque de celo, porque ve a otra mujer más joven, más guapa y más inteligente que ella, si tenemos en cuenta que en España todos los puestos de responsabilidad en el sector privado y en el público, los ocupan todo este tipo de mujeres machistas que apoyan el patriarcado, los abusos de muchos hombres, y que ellas mismas van de listillas, de mandonas y de mari-machos, y cuyo deporte favorito es derribar a otras mujeres. Verdaderas trepadoras sociales sin escrúpulos morales de ningún tipo.
Y no dedicaría a esto ni un minuto sino fuera porque, siendo hija de quien he sido (y sigo siendo), y una niña bien de Valladolid, que se fue a Nueva York con la mochila llena de machismo español, no haya tomado la decisión de construir un proyecto con valores femeninos y compasivos. Quiero dejar las cosas bien claras a todos.
Perder la referencia del grupo, lo que Juan José Millás llamó "el extrañamiento", desconectarse de la comunidad, flotar perdido en el destierro; por supuesto, estar afuera del circuito económico y del mercado laboral, caer en manos de médicos y psiquiatras depredadores, entrar en conflicto con la familia, perder todas las oportunidades de vivir y prosperar profesional y económicamente, y estar señalado por la sociedad como "ella es la culpable". Todas estas son las consecuencias de un terrorismo machista que devasta y destruye la sociedad española.
Es una vergüenza que una ex-concejala se dé la licencia de ejercer en público que lo siente y hace en privado. Es clamoroso que una ex-concejala tenga ingresos de lo público por dedicarse a derribar a otras mujeres. Es una vergüenza yo no haya podido comenzar mi vida empresarial y profesional como intelectual y artista práctimente hasta ahora. Es una vergüenza que una haya estado luchando contra el ambiente que todavía hace ver que la violencia sufrida por las envidias de otras mujeres no es tal. ¡Anda ya!
María José Celemín

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