
El valor de lo intangible En presencia de lo sagrado
El valor de lo intangible En presencia de lo sagrado
Hace 10 años publicaba la novela "El Dios de las Praderas Verdes", y contaba, de algún modo, cómo esta sociedad, basada exclusivamente en lo puramente material, había aplastado y pisoteado mi precioso mundo interior: instintivo, salvaje y femenino, ése que he tratado de expresar en los primeros capítulos; "Deslizándose por aquella canícula, sobre los maizales y el carrizo... Allí estaba Dios. Era el dios de los Primeros Tiempos, de los Primeros Amaneceres....".
El libro lo envié a la redacción de The Ecologist y lo leyó Pedro Burruezo quien me dio luz y me ayudó a ver que lo que pasaba es que vivimos en sociedades en ausencia de lo sagrado, basadas en la arrogancia de la ciencia, la lógica y la razón; sociedades que requieren pruebas para todo; sociedades en las que mostrar lo intangible es de estar chiflado, y en las que la existencia de Dios se puede aceptar sólo desde lo lejos.
Hoy me he despertado con este pensamiento, y, como es de vital importancia para mí, quería dejarlo reflejado.
Ahora me voy, escoba en mano, a barrer los suelos, limpiar el agua de las fuentes donde reza el nombre de Dios, cuidar de las plantas, y hacer pan ecológico, ahora que, por fin, vivo con, por lo menos, con conciencia de lo sagrado.
Desde lo interior vamos construyendo la realidad exterior. Lo que nosotros creamos afuera viene determinado por nuestros pensamientos, emociones, plegarias, rituales, y la constancia, esfuerzo y compromiso diario que ponemos en ello. La invocación del nombre de Dios, en cualquiera de las Tradiciones, la búsqueda de conocimiento de las mismas, la atención a nuestros ancestros, la práctica de la meditación constante, la invocación a los ángeles, el simple hecho de encender una vela o un incienso, o el colgar un cuadro en la pared con un salmo, suponen poner la mirada en nuestra esencia primordial, que es espiritual, y centrarnos.
María José






