
Jueces, sádicos
Que los jueces son unos sádicos es una realidad innegable. Pero que, pronto o tarde, la judicatura española estará integrada por personas emocionalmente saludables también lo es. El cargo de juez y magistrado requiere nobleza y virtud. Sabiduría original.
Lo que los jueces españoles han hecho y están haciendo con Juana Rivas es lo que hacen los depredadores en la selva con los bisontes. Observan a su presa, la rodean, se lanzan, atacan, la derriban y la despellejan entre todos hasta no dejar ni rastro.
Joaquín Bosch, que es el poli bueno, argumentó el otro día en un medio de televisión por qué el niño tiene que irse con el padre que le maltrata. Y se quedó tan ancho.
El lenguaje jurídico está hecho por gente que sólo vive en sus cabezas, que no tienen corazón y que no experimentan las emociones del amor, la compasión y la creatividad. Ni en un millón de años podrían entender lo que yo aquí ahora estoy escribiendo.
El lenguaje jurídico está creado por personas que necesitan controlar a otros, sentarse en un pedestal y enjuiciar a todos los que experimentan bondad, amor, compasión, ternura y crean abundancia a través de la creatividad.
Estudiar Derecho en la Universidad de Valladolid fue un suplicio. Y lo fue porque anulaba todo el potencial creativo y el análisis clarividente. Destruía al ser humano en su integridad, su capacidad de amar y en su aptitud de transformar la realidad. Terminé esa odiosa carrera con esos profesores irracionales y estériles, me licencié, me di la media vuelta y me fui a Nueva York. Valladolid y Castilla y León empezaban donde acababan.
De aquellos polvos estos lodos. Ahora vemos cómo estos sádicos disfrutan destrozando a una mujer y a sus hijos. Y lo hacen de la forma más vomitiva que un ser humano pueda soportar. Lo hacen con la misma finalidad de sus antepasados los inquisidores. Para que la víctima salvara su alma y se redimiera en la hoguera. Prendían el fuego y paladeaban el aquelarre.
Estos degenerados de jueces de la Democracia son los mismos sádicos que se auto-realizan a través de la crueldad. Estos depravados sexuales necesitan el ritual de la argumentación jurídica para devorar a su víctima.
Que estos endemoniados se tienen que ir es una cosa clara. Que sucederá, también.

