
La historia detrás del jardín Beautiful Alamedas y Al-Kauthar
La Historia detrás del jardín de Beautiful Alamedas y Al-Kauthar es el texto que los visitantes a los jardines (jardín de Beautiful Alamedas y jardín de Al-Kauthar) encontrarán a su llegada.
Y que podrán leer sentados entre la vegetación acompañados del sonido de las fuentes.
Estoy encantada de poder compartirla aquí:
"Querido visitante:
Quería contarte en primera persona lo que me ha ido llevando a lo largo de los años a imaginar, diseñar y, finalmente, construir estos pequeños jardines hispano-árabes.
Aquí va:
La eliminación en Castilla y León de mujeres con pensamiento independiente, compasivas y con talento creativo
Era el año1997 y entonces yo tenía 27 años. Había terminado la carrera de Derecho en la Universidad de Valladolid y un MBA en ICADE en Madrid. Sin embargo, todo se había desarrollado con un gran sufrimiento.
Yo me reconocía a mí misma como una mujer indómita y brillante, cuyos dones no encajaban en un lenguaje como el jurídico, que no nace de la intuición ni del alma ni del corazón, sino del deseo de imponer. Y lo mismo sucedía con la economía y las finanzas.
Y, aunque yo ahora soy capaz de reconocerlo así y nombrarlo como lo que es, entonces, era sólo víctima de aquella confusión y violencia sutil, pero dominante y única.
Había sido siempre una niña muy sensible, responsable y perfeccionista, muy ingenua que había caído en manos de adolescentes que deseaban, ya desde niñas, ejercer poder, acosar y derribar y que ya, entonces, me intimidaron aquí, sucedió aquí en Castronuño, hasta tal punto que no me atreví a volver a Castronuño en décadas.
A todo aquello se sumó un episodio de violencia de género con otro adolescente de la extrema derecha de Valladolid.
La necesidad de salir de Valladolid y del entorno de Castilla y León, incluso del mismo Madrid, era imperante.
Yo intuía que, por fuerza, tenía que haber otras realidades diferentes a lo que yo había vivido en Castronuño, en Valladolid y en Madrid. Hablé con un profesor del máster y me dijo que me fuera a Nueva York. Porque allí estaba todo.
El exilio en Nueva York
Y así fue. Nueva York fue una epifanía. Una revelación a todos los niveles que cuento en “El Dios de las Praderas Verdes” (en tercera persona, anovelado, un relato de casi 600 páginas, descriptivo, detallado y profundo, de cuatro años elaboración).
El regreso a España - atrapada y sin salida
En el año 2003 regresé a España. Llegué a Valladolid en las Navidades del 2002 para pasarlas con mis padres, pero decidí quedarme y no volver a Nueva York. Y fue cuando, sí, me vi atrapada y sin salida en el mismo Valladolid que me había expulsado.
Escribir para no morir
Fue, entonces, cuando tuve que empezar a escribir, casi a vida o muerte, “El Dios de las Praderas Verdes”.
Empecé a escribirlo para poder comprender por qué Nueva York me había aceptado como esa mujer poderosa, valiente, sensible, tierna, responsable, creativa y vital que se comía el mundo, y por qué Valladolid me había hecho y me seguía haciendo sentir como una mujer débil y enferma.
Tenía que entender qué es lo que pasaba y sigue pasando en Castilla y León y tenía, además, que elaborar el trauma de todo lo sucedido en Castronuño, en Valladolid y en Madrid.
La narrativa, el estilo literario, el tono, el análisis de las emociones humanas llevado cabo a través de la rica galería de personajes que aparecen en “El Dios de las Praderas Verdes”, junto con la investigación histórica sobre las élites castellanas del Valladolid de la Restauración, me ofrecieron luz y respuestas a las preguntas que yo me había planteado y a la pregunta principal sobre Dios. ¿Dónde estaba Dios?
Para mí la respuesta a la pregunta “¿Dónde estaba Dios?” fue clara al escribir y después de escribir el libro.
Dios estaba en la ternura, en el amor, en la bondad del corazón humano, en los primeros tiempos, los tiempos primordiales. Dios estaba en el mundo angelical que yo veía de niña con mi hermano Esteban cuando, siendo niños, bajábamos en bicicleta y llegábamos hasta el puente de la presa, y el sol resplandecía sobre la superficie del río. Aquel vergel era el Paraíso y yo veía allí a Dios. Dios se manifestaba a través de aquella naturaleza indómita. Y se manifestaba en forma de bondad, de empatía, de comprensión, de compasión y de inocencia. Y yo pensaba que, con aquella grandeza, todo se podría solucionar en el mundo.
El Dios que yo veía dentro de mi corazón no era el de la Iglesia Católica de Valladolid, que se me hacía un Dios más cercano a la de Santa Inquisición, un Dios que intimida y amedrenta y que sirve para garantizar las jerarquías y las injusticias sociales de Valladolid y de Castilla y León, de Madrid y de España. El Dios del lenguaje jurídico.
Y yo sabía que esa sensación que había experimentado después de venir de Nueva York de absoluta desconexión con mi comunidad y pérdida de referencia con un todo la habían experimentado muchos castellano-leoneses defraudados por la Iglesia Católica y las instituciones, y que este drama y dolor de sentimiento de abandono y orfandad se había dirimido en la intimidad y el silencio, sin poder ser verbalizado.
Era la decepción y la orfandad que muchos castellano-leoneses han experimentado con la Iglesia Católica y las instituciones castellanas.
La conversación con la abuela en la cuarta parte de "El Dios de las Praderas Verdes"
En la cuarta parte del libro, cuando la protagonista, Victoria (y mi alter ego) va superando los innumerables obstáculos y retos que van surgiendo y ella se va enfrentado a esos problemas, se relata una conversación entrañable con la abuela.
La abuela es mi abuela Valeriana, que fue la dueña de esta casa y de este jardín, jardín que en sus orígenes fue un corral para el ganado (qué dirían ellos, mis abuelos, si lo vieran ahora). Y también la dueña de la “era” (espacio al aire libre destinado a almacenar el grano del cereal) que ahora es el jardín Al-Kauthar.
No quiero desvelar esa conversación que aparece en ese párrafo de “El Dios de las Praderas Verdes”, pero sí traer esta frase, que es reveladora: “Tú, hija, pídelo todo al Señor, pídeselo con Fe, pero se lo tienes que pedir con mucha Fe, porque hay peticiones que salen de aquí y sólo llegan ahí arriba y son escuchadas por Él, porque han sido pedidas con mucha Fe y desde lo más profundo del corazón”.
Publicación de El Dios de las Praderas Verdes y nuevos descubrimientos - la Ecología Profunda, Islam Verde y sufismo
Lo cierto es que acabé la novela, la publiqué y la envié a una revista de Ecología Profunda en la que me hicieron una entrevista y mostraron un aspecto que yo había pasado inadvertido.
Ese aspecto era el hecho de que Victoria, la protagonista, podía muy bien simbolizar y ser un representante del Hombre Moderno en esta suerte de sociedades que, si bien se deshicieron de toda identificación de Estado-Iglesia, acabaron con todo rastro de espiritualidad y misticismo dando la espalda al Reino Espiritual, dejando sólo vestigios de lo que fue la religión institucionalizada, pero sofocando del todo la parte del misticismo, es decir, la de la experiencia.
El fundador de esta revista es un español converso al Islam que practica el sufismo (la parte mística y esotérica del Islam). Me abrió los ojos a un mundo nuevo.
Para el mí el Corán era un gran desconocido, yo confundía los árabes con los musulmanes y creía que eran lo mismo. Y lo peor de todo, los medios de comunicación me habían ofrecido siempre la imagen de que todos los árabes y/o los musulmanes eran terroristas.
Pero ante mí se abrió una realidad nueva y maravillosa que me devolvió a la Fe que había perdido en Valladolid tras regresar de Nueva York. Y que me devolvió, además, a la Fe que mi abuela me había transmitido y que tanto yo buscaba llorando al regresar de Nueva York.
Descubrí que el Corán relataba en la sura Ta-ha (y en otras suras) la historia de Moisés, que ese dicho de que “había que dejarlo todo en las manos del Señor” de mi abuela era el mismo de los sufíes –el sometimiento a la voluntad de Dios y el decreto divino- (empecé a llamar a mi abuela católica castellana vieja “la vieja sufí”), o que “ese ir quitando los velos” de los místicos del Islam era el mismo recorrido que el de Santa Teresa por las siete moradas de su castillo interior.
Viaje a Granada y recuperación de la Fe
Ese mismo verano, mi amigo (que me había abierto las puertas a la realidad de la Ecología Profunda y el sufismo) me invitó a ir con ellos a Granada.
Era el mes de Ramadán y ellos estaban ayunando. A mí me dejó perpleja aquella capacidad de sacrificio, ya que se levantaban a las 4 de la mañana, hacían la oración, desayunaban, seguían en oración, luego dormían algo, seguían en oración hasta la puesta de sol. 16 y 17 horas sin comer ni beber.
Yo me alojé en un hotel encantador de Granada, un hotel que cerró con la pandemia. “El Ladrón del Agua”, aunque creo que ha vuelto abrir. Está en pleno corazón del Albaicín, al lado del río Darro y enfrente de la calle Santa Ana, donde está el hammam Al-Ándalus.
Creo que era la primera vez que yo visitaba Granada y mi amigo me llevó a conocer aquella mañana esa parte de Granada y el Albaicín. Mientras paseábamos, él me iba hablando del Islam y de los profetas. Recuerdo una de las frases de aquella mañana porque es una frase de ésas que se te quedan grabadas en la memoria y no sabes por qué.
“Tienes que ir a conocer la Alhambra. Los edificios de la Alhambra son austeros por fuera y esconden joyas por dentro. Y así son las mujeres creyentes del Islam. Son austeras por fuera, pero guardan ricas vestimentas bajo sus velos”.
“¿Sabes cuál era una de las funciones de las fuentes? Era para silenciar los susurros a las horas de la siesta”.
Recuerdo que entramos en una tetería, serían alrededor de la una y media de la tarde y yo tomé un batido de coco y plátano. Estaba riquísimo. No se me olvidará. Mi amigo seguía ayunando y yo no podía comprender cómo él podía aguantar sin comer ni beber despierto desde la cuatro de la mañana. Me dijo que traía bendiciones ver comer a otro mientras uno mismo ayunaba. Y, entonces, me habló del sentido de ayunar, que consiste en experimentar la misma sed y hambre que quien suele pasar hambre y sed de forma involuntaria.
“Cuando llega el Ramadán, se abren las puertas del Paraíso, se cierran las del Infierno y los demonios son encadenados”.
Esta frase yo la experimenté más adelante, cuando yo misma decidí ayunar por mi cuenta levantándome al alba, rezando, privándome de alimento, agua y malos pensamientos hasta la puesta de sol.
En el ayuno el tiempo pasa más despacio y uno se siente protegido de los impulsos, las enfermedades del espíritu y las inmundicias del alma. Años más tarde, cuando leí la obra de Santa Teresa para participar en el Congreso Mundial Teresiano, me di cuenta de que era muy similar a lo que la santa ha contado en las sextas moradas y los desposorios espirituales.
Decía que siempre había que estar atento porque el demonio siempre estaba al acecho y uno no podía bajar la guardia, pero que en esas moradas, aunque se oían las bajezas ahí afuera, el alma estaba ya tan protegida que sólo las oía afuera, pero Dios no permitía ya que entraran dentro del alma.
Retorno de la Fe en el hammam Al-Ándalus
Aquella mañana de agosto del año 2010, mi amigo me acompañó hasta la puerta del hammam Al-Ándalus en la calle Santa Ana, justo, como he dicho, enfrente del hotel donde yo estaba alojada, El Ladrón del Agua.
Me dijo que entrara en el hammam, que era muy conocido y que era uno de los destinos preferidos por muchos turistas internacionales.
La calle Santa Ana es una calle muy estrecha y un gran portón de madera oscura abre al hammam.
Mi amigo me dijo que me dejaba allí y que, cuando yo entrara al hammam, él subiría hacia la mezquita para reunirse con otros y seguir allí en oración.
Eran las tres de la tarde y hacía mucho calor.
Él tenía la mirada más clara, creo que era por el ayuno.
Y, de repente, él hizo algo con una mano. Y, cuando hizo ese gesto, algo pasó dentro de mí.
Después, él subió a la mezquita y yo entré en el hammam.
Cuando crucé el umbral de aquel edificio (que antes de ser hammam fue un aljibe de agua al lado de una mezquita), entré en otro universo que cambió mi percepción de la realidad. Las paredes rojizas, la luz tenue, la música suave, los aromas de los inciensos y el perfume de los aceites del hammam, el tacto del agua y las paredes ricamente decoradas con azulejo andalusí.
Segundos antes de que mi amigo hiciera ese gesto (un gesto con una mano) y yo entrara al hammam, yo era la mujer angustiada que experimentaba una desconexión con el todo, un vacío y un abismo espiritual y, una hora y media después, cuando salí de ese hammam, yo salía siendo la mujer nueva que ya había encontrado la Fe de mi abuela Valeriana, la vieja sufí, y a la que acompañaban los grandes profetas desde esos “Tiempos Primordiales” que yo describí en ese párrafo de “El Dios de las Praderas Verdes”.
Y creo que, en esta forma casi mística, esotérica y sobrenatural en la que yo recuperé la Fe tuvo que ver, además del ayuno de mi amigo (lo que demuestra el poder de la oración y de las prácticas espirituales), estuvo implicado, como digo, el deleite de los sentidos (los aromas del hammam, sus paredes rojizas, su tono íntimo, su música suave y el agua).
Visita a la Alhambra y el Generalife - Los Jardines del Paraíso
Cuando salí del hammam, subí a La Alhambra y, entonces, la visita al Generalife terminó de confirmar toda aquella experiencia.
Al salir del Generalife me parecía también que salía flotando, gracias a esa arquitectura exuberante que combina de forma refinada vegetación y materiales nobles, y que está regada por el sonido de las fuentes.
Los jardines de La Alhambra pretenden recrear y ser un reflejo del Paraíso Islámico, del Edén Islámico.
Y esta idea me fascinó tanto que decidí construir ese mismo año el jardín de Al-Kauthar, con tres fuentes árabes y vegetación como la de La Alhambra, de hecho, me ayudaron y asesoraron los jardineros de la Alhambra sobre la vegetación y los materiales.
Cuando me preparé la investigación sobre Santa Teresa me di cuenta de que ella, cada vez que fundaba un convento, pretendía, de la misma manera, construir un pequeño paraíso en la Tierra a la vez que un oasis de pureza dentro de cada una de las monjas mismas.
Y, por este mismo motivo, yo he ido construyendo, a lo largo de los años, estos pequeños jardines, como resultado de todo lo que he vivido y de lo que me ha inspirado el camino de búsqueda de mi propia verdad.
Estos jardines pretenden ser un pequeño Paraíso en la Tierra, espacios de silencio y oración. Pero, sobre todo, lugares de transformación que supongan un hito vital para quien cruza su umbral, como yo misma experimenté aquellos días de descubrimiento de una tradición espiritual en Granada, una tradición espiritual desconocida, hasta entonces, para mí.
En el año 2015 lancé el primer número de la revista “Ecología Espiritual” con entrevistas a productores ecológicos locales y también al director de la Universidad de la Mística de Ávila y al hammam Al-Ándalus, una entrevista en la que Celia Santisteban, una de las caras del hammam Al-Ándalus de Granada, ofreció una descripción magnífica de lo que es el hammam a todos los niveles; constructivo, técnico, histórico, arquitectónico y espiritual.
Aquí dejo el número de la revista.
Se puede encontrar la entrevista al final.
María José Celemín






