Elementos legitimadores del caciquismo
El catolicismo y el nacionalismo fueron elementos que usaron las élites para evitar que el resto cuestionase el orden social valiéndose de una cultura parroquial y de súbdito, porque los ciudadanos tenían una actitud política pasiva y delegativa.
Y el imaginario colectivo de la población buscaba políticos que se acercaran a los "señores tradicionales" del Antiguo Régimen para recibir de ellos la protección que los antiguos señores prestaban a sus vasallos ante la amenaza de guerra o adversidad.
Por ello, las virtudes de un político eran la generosidad, la caballerosidad y la piedad religiosa.
Los políticos sustituían a las autoridades tradicionales con la tradicional sumisión.
A través de estos elementos buscaron la docilidad social y un consenso social que legitimara las desigualdades. Y, en este sentido, la religión fue un elemento legitimador porque introducía una dimensión jerárquica del universo y santificaba la obediencia y la resignación.
La religión incluía la sumisión ante la adversidad y la aceptación de la desigualdad económica como fuente de santidad y un orden sacralizado.
De esta forma se conseguían comportamientos sociales sumisos ante posiciones de inferioridad.
En las elecciones los candidatos visitaban las localidades acompañados de los propietarios y se coaccionaba pidiendo el voto de manera directa.
Además, para evitar protestas contra el orden establecido se creó un discurso legitimador y se usaron elementos como el proteccionismo agrario y la defensa de la agricultura castellana frente a la competencia exterior, de manera que pequeños y grandes propietarios participaron en la idea de frenar la entrada de productos agrícolas extranjeros, y, con esto se logró la aceptación pacífica de la élite sobre el conjunto de la sociedad.
También se usó un patriotismo exacerbado a través de una recreación del pasado glorioso de España que imponía la necesidad de no cuestionar las realidades impuestas por muy injustas que fueran (ante la necesidad de defender valores superiores como la patria común. Se idealizó el pasado de Castilla y el reinado de los Reyes Católicos.
Se hizo ver que las jerarquías existentes se apoyaban en un orden natural de origen divino cuya alteración podía traer consecuencias graves. Y se idealizó a los campesinos con rasgos específicos como la paciencia y la resignación ante la adversidad.
La finalidad era que la Iglesia y las élites controlaran a la sociedad revistiendo de rasgos positivos su actuación para evitar el conflicto social y llegar a un consenso social.
La Iglesia y las élites hacían caridad para mantener el orden social y evitar la confrontación. De esta forma se sacralizaron las relaciones entre patrones y obreros imponiendo obligaciones de obediencia y justicia determinadas por un mandato divino.
Los mecanismos mentales introducidos por la Iglesia Católica justificaban las desigualdades sociales ya que respondían a un plan divino para asegurar la salvación eterna por medio del sacrificio.
Y se obligaba a cumplir con los preceptos de la Iglesia para acceder a los beneficios de la sindicación.