En el actual inconsciente colectivo existe una idea trasnochada sobre la espiritualidad que está vinculada a la vida contemplativa y conventual.
Desde principios del siglo XX han surgido nuevas instituciones, líderes y grupos que han quitado la etiqueta de espiritual a los tradicionales modos de vida dando la razón a aquellos que sentían una profunda vivencia interior, una conexión más íntima con lo invisible y que no tenían la llamada de retirarse a un convento.
Lejos de estar paralizado o meditando todo el día, hay muchas personas espirituales que sienten una profunda, rica y compleja vida interior y que son personas de acción; emprendedores natos implicados en proyectos diversa índole.
Es esta vivencia interior la que motiva a estas personas a desarrollar su potencial y habilidades en diferentes campos de la realidad.
En este sentido y, a través del personaje de Victoria, nos encontramos con esta nueva forma de vivir la espiritualidad que el hombre moderno debe permitirse vivir.
Es en la tercera parte "Nueva York" donde Victoria puede desarrollar sus habilidades; encontrar estímulos en el exterior que inspiren su capacidad emprededora y creativa y donde hay más individuos dispuestos a intercambiar en una atmósfera de dinamismo y respeto hacia la diversidad y las aportaciones diferentes.
Es en un entorno así donde Victoria está viva en vida y conectada consigo misma y con el todo; con el entorno más cercano; con sus padres y hermano detrás del océano; con el planeta y con el cosmos.
Es la integración perfecta de un ser humano en esta vida. Esa sensación que todos hemos conocido alguna vez en nuestra vida y que no es más que la sensación de realización máxima y de plenitud.
Es en esos momentos cuando un ser humano está más cerca de ser feliz.
Pero esta felicidad es alcanzable para ciudadanos de países cuyos gobiernos promuevan las condiciones necesarias y las oportunidades para que los individuos puedan desarrollar sus capacidades. Los pueblos, por otra parte, han de querer verlas, reconocerlas y desarrollarlas.
Y, efectivamente, en la novela Dios existe cuando Victoria tiene la posibilidad de estar en un entorno de apoyo.
Y Dios deja de existir cuando regresa a Valladolid, ya que es allí donde la clase dominante no promueve en lo público las condiciones necesarias para una sociedad diversa sino sólo para sus interereses y desde su ancestral idea de supuesta superiodad.
Tampoco el pueblo castellano se mueve en una dirección de cambio para encontrar, a través de la acción y de la diferencia, una nueva identidad ya que, lejos de buscarla, sigue imitando en las formas la forma de vestir o el estilo de vida de estas clases dominantes al día de hoy obsoletas.
Victoria, una vez de vuelta a Valladolid y sin poder volver a NY, no encuentra a Dios porque el Dios de las iglesias de Valladolid es el Dios de las clases dominantes ya que sigue existiendo identificación entre el Dios del catolicismo castellano y el Dios de estas clases dominantes y ese Dios no quiere que Victoria desarrolle sus capacidades.

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